La Gran Vía tardó dos décadas en abrirse paso entre casas antiguas
La Gran Vía, la gran avenida comercial y de espectáculos de Madrid, comenzó a construirse el 4 de abril de 1910 y tardó más de dos décadas en completarse por tramos, demoliendo más de trescientas casas y numerosas calles del trazado medieval. Concentra buena parte de los teatros y cines históricos de la ciudad; el acceso es libre en todo momento.
Por Florencia
- Ubicación
- Centro de Madrid, entre la Calle de Alcalá y la Plaza de España
- Inicio de obras
- 4 de abril de 1910
- Finalización
- Entre 1929 y 1932, según el tramo (obras por tramos desde 1910)
- Acceso
- Libre y gratuito en todo momento
La Gran Vía es la gran arteria comercial y de espectáculos de Madrid, apodada 'la calle que nunca duerme' por su actividad prácticamente ininterrumpida.

Más de dos décadas de obras y más de trescientas casas demolidas
La idea de abrir una gran avenida que conectara el este con el oeste del centro de Madrid se remonta a 1862, pero no se concretó hasta el reinado de Alfonso XIII: las obras del primer tramo, entre la Calle de Alcalá y la Red de San Luis, comenzaron el 4 de abril de 1910.
El segundo tramo arrancó en 1917 y el tercero en 1925, completándose la avenida entera entre 1929 y 1932, tras demoler más de trescientas casas y numerosas calles del trazado medieval original.
Arquitectura de principios del siglo XX y vida nocturna
Los edificios que la flanquean, construidos por tramos a lo largo de dos décadas, muestran una sucesión de estilos que van del eclecticismo afrancesado al art déco, con el edificio Metrópolis y el edificio Telefónica como sus hitos más fotografiados.
Sus teatros y cines históricos, muchos todavía en funcionamiento, convirtieron a la avenida en el equivalente madrileño de Broadway durante buena parte del siglo XX, un carácter que conserva hasta hoy con su oferta de musicales.
Un paseo por los edificios más fotografiados
Lo mejor de la Gran Vía se disfruta con la cabeza levantada. Desde la Calle de Alcalá hasta la Plaza de España, las fachadas muestran remates, cúpulas, esculturas y torreones que compiten entre sí.
El edificio Metrópolis, con su cúpula coronada por una escultura alada, marca el arranque más famoso, y a lo largo del trayecto aparecen cines, teatros y antiguos edificios de oficinas que conservan balcones, miradores y frisos muy trabajados.
El edificio de la antigua sede de una gran compañía telefónica merece una parada. Fue durante años uno de los más altos de la ciudad y simbolizó la modernidad del Madrid de comienzos del siglo XX.
Más hacia el final de la avenida, la Plaza de España y sus grandes torres ofrecen un contraste entre épocas. Avanza sin prisa: cada tramo tiene una personalidad distinta, y lo que parece una sola calle es en realidad la suma de varios proyectos.
Cines, teatros y vida de espectáculo
La avenida se ganó el apodo de Broadway madrileño por la concentración de salas de espectáculos. Durante décadas, los grandes estrenos de cine se celebraban aquí, y los carteles pintados a mano sobre las fachadas se convirtieron en una seña de identidad.
Algunos de esos cines han cambiado de uso, pero otros siguen proyectando películas o acogiendo musicales, y recorrer la avenida al caer la tarde permite sentir esa tradición.
Si te apetece asistir a un espectáculo, conviene mirar la cartelera y reservar con tiempo, sobre todo en fines de semana. Y si no tienes entrada, tampoco pasa nada: el ambiente de la calle, con la gente que entra y sale de las funciones, forma parte del encanto.
Al anochecer, los rótulos luminosos y los escaparates le dan a la avenida un aire cosmopolita que justifica su fama de calle que nunca duerme.
Curiosidades de una calle hecha por tramos
Como la avenida se construyó por fases, cada tramo refleja los gustos de su momento.
El primero muestra un estilo más cercano al clasicismo francés; el segundo incorpora elementos de otras corrientes de la época; y el tercero se acerca al racionalismo, con líneas más sobrias.
Si prestas atención, puedes distinguir esos cambios solo con mirar los remates y los ritmos de las ventanas.
Otra curiosidad es la cantidad de nombres con los que se conoció la calle a lo largo del tiempo, ya que cambió de denominación más de una vez según la época política.
Hoy todo el mundo la llama simplemente Gran Vía, y en conversación madrileña basta decir bajar a la Gran Vía para entenderse. Es uno de esos lugares que los propios vecinos siguen frecuentando, no solo los visitantes, y eso se nota en el trasiego diario.
Consejos y lugares cercanos
Para hacer fotos sin tanta gente, elige las primeras horas de la mañana, cuando el tráfico es menor y la luz resalta las fachadas.
Hay terrazas panorámicas en algunos edificios altos desde las que se ve la avenida desde arriba; conviene consultar condiciones y horarios en sus webs oficiales antes de ir. Lleva calzado cómodo, porque el recorrido tiene pendiente y se camina bastante.
Desde la Gran Vía llegas a pie a la Puerta del Sol, al Templo de Debod, a la Plaza de España y a los barrios de Malasaña y Chueca, cada uno con su carácter.
Si vas hacia el oeste, los jardines cercanos al Palacio Real ofrecen un cambio de ritmo muy agradable tras el bullicio comercial, y desde ahí se puede seguir hacia otros puntos del Madrid histórico.





