Napoleón no vio terminado el Arco del Triunfo que encargó
El Arco del Triunfo, encargado por Napoleón Bonaparte para conmemorar su victoria en Austerlitz, comenzó a construirse en 1806 pero no se completó hasta 1836, mucho después de la caída del propio Napoleón. Con 50 metros de altura, alberga desde 1921 la Tumba del Soldado Desconocido, homenaje a los caídos de la Primera Guerra Mundial, donde cada tarde se reaviva una llama eterna.
Por Florencia
- Ubicación
- Plaza Charles de Gaulle, extremo de los Campos Elíseos
- Construcción
- 1806-1836
- Altura
- 50 metros
- Tumba del Soldado Desconocido
- Desde el 28 de enero de 1921
El Arco del Triunfo corona el extremo de los Campos Elíseos, en París.

Treinta años para completar el homenaje de Napoleón
Napoleón Bonaparte encargó el monumento para conmemorar su victoria en la batalla de Austerlitz, y su construcción comenzó en 1806 bajo el diseño de los arquitectos Jean Chalgrin y Jean-Arnaud Raymond.
Sin embargo, las obras se prolongaron mucho más allá del propio reinado napoleónico: fue el rey Luis Felipe I quien finalmente terminó el monumento, inaugurado el 29 de julio de 1836, treinta años después de haber comenzado.
Con 50 metros de altura y 45 de ancho, sus paredes exhiben los nombres de generales y batallas del imperio napoleónico.
La llama eterna del soldado Desconocido
En 1921, los restos de un soldado no identificado caído en la batalla de Verdún fueron enterrados bajo el arco como símbolo de todos los caídos franceses de la Primera Guerra Mundial.
Desde entonces, cada tarde se reaviva una llama eterna junto a la tumba, un ritual ininterrumpido que convierte al monumento, además de un arco triunfal, en un lugar de memoria nacional.
Escultura monumental y el relieve de La Marsellesa
Las cuatro monumentales pilastras del Arco del Triunfo están ornamentadas con altos relieves de piedra caliza que conmemoran episodios bélicos cruciales de la Revolución y el Primer Imperio francés.
La pieza más célebre de todo el conjunto es La partida de los voluntarios de 1792, esculpida por François Rude y conocida universalmente como La Marsellesa. La figura alada de la Libertad encarna el fervor popular llamando a los ciudadanos a defender la patria con espada en mano.
En las paredes interiores del arco central figuran grabados los nombres de seiscientos sesenta generales y comandantes de las tropas imperiales, con los nombres de aquellos caídos en combate subrayados en la piedra.
Además, los grandes frisos que recorren el entablamento superior representan el regreso triunfal de los ejércitos napoleónicos portando trofeos capturados en Austerlitz y diversas campañas europeas.
El mirador de la azotea y la estrella de doce avenidas
Subir los doscientos ochenta y cuatro escalones de la escalera de caracol interior conduce a la terraza superior del monumento, situada a cincuenta metros de altura sobre el suelo.
Desde este mirador se despliega una de las perspectivas urbanísticas más amplias de París: la plaza Charles de Gaulle, diseñada por el barón Haussmann como una perfecta estrella radiante de doce grandes avenidas arboladas que se alejan en línea recta hacia los confines de la ciudad.
Desde la barandilla se contempla en línea directa el eje histórico de la capital, que conecta visualmente el Museo del Louvre, los Jardines de las Tullerías y el Obelisco de la Concordia con el moderno Gran Arco de la Défense en el horizonte occidental.
La silueta esbelta de la Torre Eiffel destaca nítida sobre los tejados de zinc parisinos en el cuadrante sur.
En el interior del entresuelo bajo la azotea funciona una sala de exposiciones que alberga maquetas históricas, grabados de la construcción y testimonios interactivos sobre las celebraciones y desfiles nacionales que han tenido como escenario el arco.
Consejos para el acceso y la visita respetuosa
Para acceder al monumento nunca se debe intentar cruzar a pie la peligrosa rotonda de tráfico de la plaza. Es indispensable utilizar el paso peatonal subterráneo debidamente señalizado desde los Campos Elíseos y la salida del metro.
La ceremonia diaria en la que se aviva la llama de la memoria ante la tumba de piedra reúne a delegaciones cívicas al atardecer en un ambiente de sobrio respeto y solemnidad histórica.
Un monumento para los grandes cortejos de París
Desde que se terminó, el Arco del Triunfo ha sido escenario de los momentos más solemnes de la vida francesa. En 1840, la comitiva que trasladó los restos de Napoleón desde Santa Elena pasó bajo sus bóvedas camino de Los Inválidos.
En 1885, el féretro del escritor Victor Hugo fue expuesto bajo el arco antes de su funeral nacional. Tras la Primera Guerra Mundial, los desfiles de la victoria cruzaron el monumento, y también se recuerdan las marchas de 1940 y la liberación de la ciudad en 1944.
Esa tradición continúa. Cada 14 de julio, el desfile militar de la fiesta nacional recorre los Campos Elíseos, y la llama de la tumba del soldado desconocido recibe homenajes en las conmemoraciones del 11 de noviembre.
Entender que el arco funciona como un gran escenario cívico ayuda a mirarlo de otra manera: no es solo una obra de arquitectura, sino un lugar donde la nación se reúne para recordar y celebrar.
Quién esculpió los relieves
Los grupos escultóricos de las pilastras son obra de varios artistas del siglo XIX. El más famoso es el relieve conocido como La Marsellesa, de François Rude, que representa a los voluntarios de 1792 marchando bajo la alegoría de la Libertad.
Otros grupos fueron realizados por Jean-Pierre Cortot y Antoine Étex, y muestran escenas del triunfo y de la resistencia. Observarlos de cerca permite apreciar el dramatismo de los gestos y la fuerza expresiva de las figuras.
La plaza donde se levanta, la Étoile, fue remodelada por el barón Haussmann para que doce avenidas convergieran en el monumento, y desde 1970 lleva oficialmente el nombre de Charles de Gaulle, aunque muchos parisinos siguen usando el antiguo.
Fijarse en esta simetría, que convierte al arco en el centro de un gran diseño urbano, es una de las claves para entender cómo se concibió el París moderno.





