Pescadores, yates y lobos marinos comparten el puerto de Punta del Este
El Puerto de Yates Nuestra Señora de la Candelaria es el corazón náutico y gastronómico de Punta del Este. Alberga cientos de embarcaciones deportivas, una banquina de pescadores donde conviven amigables lobos marinos salvajes y prestigiosos restaurantes de mariscos frente al mar.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El corazón marítimo de la península
Bordeando la bahía mansa de Punta del Este, el Puerto de Yates concentra buena parte del movimiento náutico de la zona. En sus muelles amarran veleros de regata internacional, yates de gran calado y lanchas deportivas procedentes de todo el mundo.
En el muelle de pescadores artesanales se desarrolla un espectáculo cotidiano único: mientras los marineros filetean la pesca del día (corvina negra, lenguado y pejerrey), simpáticos lobos marinos de un pelo y dos pelos nadan a pocos centímetros de la orilla aguardando las sobras frescas.
Paseos en barco y excursiones a las islas
Desde los pontones del puerto zarpan las principales navegaciones turísticas hacia la Isla de Lobos (una de las mayores colonias de lobos marinos de América) y las lanchas taxi que cruzan en pocos minutos a las arboladas playas de la Isla Gorriti.
Almuerzo marinero: La rambla portuaria cuenta con una hilera de restaurantes con decks de madera donde es tradición almorzar minutas de pescado fresco con copa de vino blanco Albariño uruguayo.
Recorrido por el casco histórico
Subiendo unas pocas cuadras desde el puerto se llega a la histórica Capilla de la Candelaria y al centenario Faro de Punta del Este, conformando un circuito peatonal perfecto.
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La tradición de las pescaderías artesanales y las visitas de lobos marinos
El puerto de Nuestra Señora de la Candelaria de Punta del Este no solo es un exclusivo refugio para embarcaciones deportivas internacionales, sino también un muelle de pescadores artesanales con arraigada tradición local.
Al final de la escollera principal se ubican los históricos puestos de venta directa de pescado, donde los marineros desembarcan temprano por la mañana las capturas del día: corvinas negras, brótolas frescas, lenguados, pejerreyes y cazones listos para ser fileteados sobre mostradores de madera.
Esta faena atrae diariamente a simpáticos lobos marinos procedentes de la cercana Isla de Lobos, que nadan con soltura hasta el borde de los pontones y asoman sus cabezas redondas a la espera de que los pescadores les arrojen trozos de pescado fresco.
Los animales suelen subir a las plataformas de amarre para calentarse al sol, permitiendo a los paseantes observarlos a escasos metros en un encuentro espontáneo con la fauna autóctona.
A lo largo de la rambla portuaria se suceden restaurantes marineros y tabernas al aire libre con terrazas orientadas a los amarres náuticos, donde es tradición almorzar rabas crujientes, mejillones a la provenzal o buñuelos de alga marina acompañados por una copa de vino blanco uruguayo de uva albariño.
Pasear por los muelles al anochecer, cuando se encienden los mástiles de los yates y el cielo se tiñe de tonos violetas sobre la bahía, brinda una atmósfera cosmopolita y marinera.
En las inmediaciones del club náutico es posible admirar barcos de regata clásicos y modernas embarcaciones a motor procedentes de diversos países sudamericanos, mientras la brisa del Río de la Plata acaricia el paseo.
Acudir a la escollera por la mañana para contemplar la llegada de las barcas de pesca artesanal.
Observar a los lobos marinos que nadan cerca de los pontones manteniendo una distancia prudencial de seguridad.
Degustar mariscos frescos y pescados del día en las terrazas con vistas a los barcos fondeados.
Contratar excursiones náuticas hacia la Isla Gorriti o la Isla de Lobos desde las casetas oficiales de venta.
Una península que mira al agua por ambos lados
Punta del Este ocupa una lengua de tierra que se adentra en el Atlántico, de modo que tiene una costa más serena hacia la bahía y otra más abierta y de oleaje fuerte hacia el océano.
El puerto se encuentra en la zona protegida, lo que explica que durante décadas haya sido refugio para barcos de pesca, veleros y embarcaciones de recreo. Observar las dos caras de la península en una misma caminata permite entender la geografía del balneario.
Los muelles muestran un mosaico de cascos de distintos tamaños, desde botes de trabajo a yates de lujo, y de ahí viene buena parte de la fama del lugar. Cerca del puerto se instalan además puestos y pequeños locales que dan vida al paseo.
Cómo se vive el puerto fuera de temporada
En verano el puerto bulle, pero fuera de esa época el ambiente es más tranquilo y muestra su cara cotidiana. Los pescadores reparan redes, las gaviotas rondan las pescaderías y los veleros se mecen casi vacíos.
Es un momento favorable para fotografiar con calma y charlar con la gente del oficio, que suele disfrutar contando cómo funciona el día a día.
Si te interesa la vida marina, fíjate en las aves que descansan en los pilotes y en el movimiento del agua, que cambia con las mareas y el viento. Una visita sin prisa permite captar detalles que el trajín del verano esconde.





