Doce orixás de siete metros se alzan sobre el Dique do Tororó

El Dique do Tororó es la única laguna natural preservada en el centro de Salvador de Bahía, con 18 hectáreas de parque lacustre. Su atracción cumbre son las doce esculturas gigantes de siete metros que representan a los Orixás del Candomblé, creadas por el artista Tati Moreno.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Majestuosas esculturas flotantes de los Orixás creadas por Tati Moreno sobre las aguas del Dique do Tororó en Salvador.
by Luan, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El santuario lacustre de las deidades Afrobrasileñas

Creado en época colonial como foso defensivo en Salvador de Bahía, el Dique do Tororó es un oasis de paz verde y espiritualidad en Brasil. Sus orillas están equipadas con pistas de atletismo, miradores y restaurantes de comida típica.

Las colosales figuras flotantes de Tati Moreno

Las deidades del Candomblé parecen caminar sobre el espejo de agua: Iemanjá con sus brazos extendidos, Ogum con su espada y armadura, y Oxum con su espejo dorado. Al caer la noche, proyectores subacuáticos iluminan las figuras desde abajo, produciendo un efecto místico.

Desde el dique se accede rápidamente al Pelourinho o hacia el Farol da Barra.

Paseos en hidropedales:

Se pueden alquilar pequeños botes a pedal para navegar por la laguna y acercarse respetuosamente a las bases de las esculturas.

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Las esculturas flotantes de Tati Moreno y la mitología del Candomblé

El Dique do Tororó es un embalse urbano de Salvador de Bahía, formado al represar manantiales y acondicionado entre finales del siglo XVII y mediados del XVIII por los ingenieros coloniales portugueses como un foso defensivo estratégico y reserva de agua dulce frente a posibles invasiones marítimas.

Este pulmón acuático fue revitalizado a finales de la década de 1990 para convertirse en un emblemático parque municipal y en el mayor santuario cívico al aire libre dedicado a la religiosidad afrobrasileña.

La fascinación del lugar reside en las monumentales esculturas flotantes de los Orixás que emergen directamente del espejo de agua, esculpidas por el prestigioso artista plástico bahiano Tati Moreno.

Estas doce colosales figuras policromadas, con alturas de hasta siete metros, representan a las principales divinidades del panteón yoruba veneradas en las casas de Candomblé: Oxum, señora de las aguas dulces, el oro y la fertilidad; Ogum, dios del hierro y de los guerreros; Iemanjá, soberana de los mares; Xangô, deidad de la justicia y el trueno con su hacha de doble filo; e Iansã, señora de las tempestades y los vientos huracanados.

Una pista perimetral arbolada rodea la laguna, siendo muy transitada por los habitantes de Salvador para correr, pasear en bicicleta o descansar en sus muelles.

Pequeñas embarcaciones recorren la laguna llevando a los visitantes hasta las proximidades de las deidades flotantes.

Al anochecer, un sistema de iluminación escenográfica subacuática baña las esculturas con haces de luces doradas, azules y blancas, proyectando sobre el agua una atmósfera mística y espiritual.

  • Recorrer el sendero peatonal perimetral para admirar las doce esculturas de los Orixás desde todos los ángulos lacustres.

  • Dar un paseo en bote por la laguna, si el servicio está disponible, para contemplar las esculturas a ras de agua.

  • Apreciar la iluminación nocturna del dique que resalta la policromía y majestuosidad de las figuras sobre el agua.

  • Combinar la visita al parque con un recorrido por el contiguo y moderno estadio de fútbol Arena Fonte Nova.

Quién es quién en el lago

Las esculturas representan a los orixás, divinidades del candomblé, una religión de raíz yoruba traída a Brasil por las personas africanas esclavizadas. Cada orixá se asocia a un elemento de la naturaleza.

Iemanjá, señora del mar, es la figura más popular y cada febrero recibe homenajes multitudinarios en la costa de Salvador.

Oxum se vincula con las aguas dulces, el amor y la belleza; Oxóssi, con el bosque y la caza; Ogum, con el hierro y los caminos; Xangô, con el trueno y la justicia; Iansã, con el viento y las tormentas.

Reconocer a cada figura ayuda a mirar el conjunto con otros ojos. En lugar de una colección de estatuas, verás una especie de panteón flotante que dialoga con el agua, el cielo y la ciudad.

Si dispones de un guía local, pregunta por los colores y los objetos que cada orixá lleva en las manos, porque cada detalle tiene un significado.

El agua en el corazón de la ciudad

El nombre Tororó suele interpretarse como agua que brota. Más allá de su etimología, el dique es un recordatorio de que Salvador creció alrededor de fuentes y manantiales, y de que las lagunas urbanas cumplieron funciones defensivas, de abastecimiento y de ocio. Hoy, en medio del tráfico, el espejo de agua aporta un respiro verde.

Un lugar de culto que se visita con respeto

Para muchas personas, estas figuras son símbolos sagrados y no solo atracciones turísticas. Camina por el sendero con discreción, evita trepar a las plataformas y no arrojes objetos al agua.

Al atardecer, cuando las luces destacan las siluetas, es un momento ideal para pasear con calma y escuchar el rumor de la ciudad.