¿Por qué llaman Iglesia de Oro a São Francisco de Salvador?

La Iglesia y Convento de San Francisco (Igreja de São Francisco) es una de las mayores joyas del barroco colonial en el continente americano, en el Pelourinho de Salvador de Bahía. Conocida como la 'Iglesia de Oro', cuenta con interiores recubiertos de pan de oro y miles de azulejos portugueses.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Suntuoso interior barroco cubierto de tallas en pan de oro de la Iglesia de San Francisco en Salvador de Bahía.
Berenice Kauffmann Abud, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Una expresión destacada del barroco americano

Frente a la cruz de piedra del Largo do Cruzeiro en Salvador de Bahía, la fachada sobria de arenisca no anticipa la explosión de opulencia dorada que aguarda en su interior, constituyendo un hito sacro sin igual en Brasil.

El claustro con una gran colección de azulejos

Las naves están completamente forradas con tallas de angelotes, guirnaldas y santos esculpidos en cedro y dorados a la hoja. En el claustro conventual contiguo se despliega una de las mayores colecciones de azulejos portugueses de Brasil, manufacturados en Lisboa en el siglo XVIII con lecciones morales y filosóficas.

Se encuentra a pasos de las históricas plazas del Pelourinho y del Elevador Lacerda.

Guía especializada del convento:

Contrata a un guía acreditado en la entrada para descubrir los rostros con rasgos afro e indígenas que los artesanos esclavizados esculpieron ingeniosamente entre los ángeles dorados.

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La apoteosis del barroco joanino y la mayor colección de azulejos de azulejería portuguesa

Considerada una de las cumbres del barroco colonial en el continente americano y catalogada entre las Siete Maravillas de Origen Portugués en el Mundo, la Iglesia y Convento de San Francisco en el Pelourinho es una obra maestra del arte colonial.

Edificada por los frailes menores entre 1708 y 1723 sobre las ruinas de un primitivo cenobio del siglo XVI, el complejo encarna el esplendor económico del ciclo del azúcar y el oro en el Brasil virreinal.

Al cruzar el umbral del templo, el visitante queda estupefacto ante el fulgor dorado que baña la nave y las capillas laterales: cada centímetro de madera de cedro y jacarandá está esculpido con un exuberante repertorio de volutas, ángeles querubines, flores exóticas y pelícanos bíblicos, completamente recubiertos por finísimas láminas de pan de oro en el suntuoso estilo barroco joanino.

El claustro conventual de dos plantas es un remanso de serenidad que alberga una de las mayores colecciones de paneles de azulejos barrocos portugueses de Brasil.

Realizados en talleres de Lisboa a mediados del siglo XVIII en clásico azul cobalto y blanco, los paneles reproducen las alegorías morales de los 'Emblemas' del maestro flamenco Otto van Veen, acompañados por versos en latín del poeta Horacio que invitan al desapego de las riquezas terrenales y al cultivo de la sabiduría espiritual.

En una de las capillas se expone la célebre imagen en madera de San Pedro de Alcántara, tallada con maestría por el escultor mulato Manuel Inácio da Costa en el siglo XVIII.

  • Admirar con detenimiento las tallas doradas de pan de oro que cubren por completo los retablos del templo.

  • Pasear por el claustro del convento para descifrar las fábulas morales plasmadas en los azulejos de Lisboa.

  • Observar la magnífica talla de madera barroca de San Pedro de Alcántara en la capilla de la orden tercera.

  • Mantener una conducta respetuosa y guardar silencio en este recinto consagrado al recogimiento espiritual.

La paradoja franciscana: pobreza y oro

Los franciscanos son una orden mendicante que hace votos de pobreza y sencillez, y sin embargo esta iglesia despliega una decoración muy recargada.

Esa aparente contradicción se explica por el espíritu de la época: en el siglo XVIII, el barroco concebía la riqueza ornamental como una ofrenda a la divinidad y como una forma de conmover a los fieles.

Para quienes entraban, la abundancia de oro, tallas y luz de velas era una anticipación del cielo.

Al recorrer la nave, contrasta esa exuberancia con la fachada sobria que has visto desde la plaza. El efecto sorpresa es deliberado y forma parte de la experiencia que los constructores diseñaron.

Cómo mirar un retablo barroco

Un retablo se lee como un libro. Empieza por la base, donde suelen aparecer figuras de ángeles y elementos vegetales, y sube poco a poco hacia la imagen principal.

Fíjate en cómo las columnas se retuercen, cómo las guirnaldas se repiten y cómo los rostros de los angelotes cambian de expresión. Algunos presentan rasgos que reflejan la mezcla cultural de la colonia, un detalle que los guías suelen señalar.

Los azulejos y su lenguaje moral

En el claustro, las paredes están cubiertas por azulejos azules y blancos con escenas de inspiración clásica y moral, fabricados en talleres portugueses. Cada panel acompaña una sentencia o una fábula, y la serie en conjunto funciona como una lección para los frailes que paseaban por allí.

Dedica tiempo a observar los paneles uno a uno, intentando adivinar la enseñanza de cada imagen.

Mantén el silencio y la compostura en un espacio de culto, evita usar flash y respeta las zonas restringidas. De ese modo, la visita será más provechosa para ti y más respetuosa con quienes cuidan el templo.

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