El Valle de la Luna se pone rojo al caer el sol sobre la Gran Duna
El Valle de la Luna es una depresión geológica ubicada en la Cordillera de la Sal, a 13 kilómetros al oeste de San Pedro de Atacama. Célebre por sus formaciones esculpidas por el viento y el agua que emulan la superficie lunar, destaca por la Gran Duna, el Anfiteatro y sus legendarios atardeceres rojizos.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Geología y paisaje lunar en la Cordillera de la Sal
El Valle de la Luna conforma una de las maravillas naturales más icónicas de Chile y del desierto de Atacama.
Formado hace millones de años por plegamientos tectónicos de capas de arcilla, yeso y cloruro de sodio, este santuario de la naturaleza ofrece una topografía agreste de crestas afiladas, mantos de sal blanca y dunas doradas que recuerdan un paisaje extraterrestre.
Durante la visita coordinada desde San Pedro de Atacama, los viajeros ascienden por senderos delimitados hacia el mirador de la Duna Mayor, desde donde se contempla la inmensidad del Anfiteatro y la silueta lejana del volcán Licancabur, integrándose en cualquier recorrido por Chile.
Puntos destacados: Duna Mayor, Tres Marías y Anfiteatro
El circuito del parque comprende paradas señalizadas de alto valor geológico. Las Tres Marías o Los Penitentes son esculturas naturales de sal y arcilla moldeadas por la erosión eólica. Más adelante, el macizo del Anfiteatro exhibe estratos verticales plegados que atestiguan las fuerzas orogénicas de la cordillera andina.
El sector de las cavernas y cañones de sal permite apreciar cristales de halita pura que crujen con las variaciones térmicas del desierto, mientras que el Mirador de Achaches ofrece una panorámica de 360 grados sobre toda la cuenca salina.
Consejos prácticos, altitud y visita
Se recomienda reservar la entrada digital con antelación en el portal oficial de las comunidades atacameñas administradoras.
Al planificar tu itinerario junto a otras excursiones como el Valle de la Muerte o los Géiseres del Tatio, lleva abundante agua mineral, protector solar FPS 50+, sombrero de ala ancha y calzado de trekking con buen agarre.
Recomendación fotográfica:
Llega al mirador principal al menos 45 minutos antes de la puesta de sol oficial para apreciar la transición de tonos ocres a violáceos y el encendido del cinturón de Venus sobre la cordillera.
Explora más sobre San Pedro de Atacama y Chile:
• Guía completa de San Pedro de Atacama
Geología de la Cordillera de la Sal, la Duna Mayor y las Tres Marías
Situado a escasos trece kilómetros al oeste de San Pedro de Atacama, en el corazón de la Reserva Nacional Los Flamencos, el Valle de la Luna es un santuario geológico cuyas formaciones geomorfológicas recuerdan a la superficie lunar.
Este paisaje sobrenatural forma parte de la Cordillera de la Sal, una cadena montañosa de origen sedimentario levantada hace millones de años por los intensos plegamientos tectónicos de la orogenia andina, compuesta por estratos alternos de arcilla roja, yeso, areniscas y gruesos mantos de sal gema (halita).
La constante acción erosiva de los vientos del desierto y las escasas lluvias torrenciales estacionales han esculpido afiladas crestas puntiagudas, desfiladeros laberínticos y cavernas subterráneas de sal.
Al recorrer las gargantas de roca salina reina un profundo silencio mineral, interrumpido únicamente por pequeños chasquidos secos producidos por la dilatación y contracción térmica de los cristales de halita bajo los cambios bruscos de temperatura.
Entre sus hitos sobresale la Duna Mayor, una monumental lengua de arena eólica de tonalidades doradas que desciende sobre los estratos rocosos del anfiteatro geológico.
Muy cerca se hallan Las Tres Marías (Los Penitentes), curiosas esculturas naturales talladas pacientemente por el viento en columnas de arcilla y sal que asemejan figuras orantes.
El momento cumbre de la visita se vive durante el ocaso desde el Mirador de Achaches o la cornisa de la Duna Mayor: a medida que el sol desciende tras la cordillera, las colinas minerales se tiñen de tonos ocres, dorados, cobrizos y finalmente púrpuras, mientras las cumbres nevadas del volcán Licancabur y los Andes resplandecen en el horizonte con un fulgor rosáceo.
El recorrido requiere transitar exclusivamente por los senderos y pasarelas señalizados para salvaguardar las frágiles estructuras de sal del deterioro físico.
Presenciar la transformación cromática de la Cordillera de la Sal durante la puesta de sol.
Admirar las formaciones esculpidas por el viento en las figuras minerales de Las Tres Marías.
Contemplar la inmensidad del anfiteatro de arena desde la cresta de la Duna Mayor.
Escuchar el singular crujido de los cristales de sal en las paredes de los cañones minerales.





