En barco hasta la isla de Santa Clara, en medio de La Concha
La Isla de Santa Clara, en el centro de la bahía de La Concha, alberga un faro en funcionamiento desde septiembre de 1864 y una pequeña playa que sólo aparece con la marea baja. En verano se puede llegar en un servicio regular de barco cada media hora desde el puerto de San Sebastián; la propia isla tiene socorrismo, duchas y un bar durante la temporada estival.
Por Florencia
- Ubicación
- Centro de la bahía de La Concha, San Sebastián
- Faro
- En funcionamiento desde septiembre de 1864
- Altura del faro
- 53 metros sobre el nivel del mar
- Acceso
- Barco regular cada 30 minutos en verano desde el puerto
La Isla de Santa Clara ocupa el centro exacto de la bahía de La Concha en San Sebastián.

De ermita de peste a hogar de faroleros
La isla toma su nombre de Santa Clara de Asís. Antes de la construcción del faro actual, albergaba una ermita dedicada a Santa Clara que, en 1597, se convirtió en refugio para los enfermos durante una epidemia de peste.
A lo largo de los siglos, la isla tuvo usos muy variados: como lazareto durante la peste y, desde que se levantó el faro, fue la casa de los fareros que lo mantenían.
El faro de 1864 y la playa de marea baja
El faro actual comenzó a funcionar en septiembre de 1864, tras la desaparición de la antigua ermita, y su linterna se eleva 53 metros sobre el nivel del mar, emitiendo un destello blanco cada cinco segundos que sigue guiando a los barcos hacia el puerto de San Sebastián.
En la actualidad, la isla cuenta con un pequeño embarcadero y una playa que sólo emerge con la marea baja, equipada con socorrismo, duchas y un bar durante el verano, temporada en la que un servicio regular de barco conecta la isla con el puerto cada media hora.
El baluarte de la bahía, la escultura Hondalea y la playa de bajamar
Erigiéndose en mitad de la concha donostiarra entre las faldas del monte Urgull y el monte Igueldo, la Isla de Santa Clara es el corazón geográfico y el emblema marino más poético de San Sebastián.
Este islote de roca y vegetación atlántica ejerce como un rompeolas natural protector, apaciguando las bravas marejadas del mar Cantábrico antes de que penetren en la bahía de La Concha y Ondarreta, haciendo posible la serenidad de sus aguas de baño.
La historia de Santa Clara está repleta de episodios memorables: a finales del siglo XVI, durante una epidemia de peste, se llevó a la isla a algunos enfermos para aislarlos.
En 1864 entró en funcionamiento el faro que se alza en su parte alta.
En el año 2021, el interior deshabitado de la casa del faro renació convertido en un hito del arte público contemporáneo gracias a 'Hondalea' (Abismo marino), una monumental obra escultórica creada por la prestigiosa artista donostiarra Cristina Iglesias.
La intervención vació el edificio para alojar un gran vaso de bronce fundido que recrea la geología costera vasca, sobre el cual el agua marina sube y baja en ciclos continuos emulando las corrientes subterráneas y el rugido de las mareas cantábricas.
En la isla se forma una diminuta y encantadora playa de arena fina que solo queda al descubierto durante las horas de bajamar, equipada con un pequeño bar con terraza y una piscina natural de agua de mar.
Senderos peatonales serpentean entre tamariz y otras especies hasta miradores panorámicos, y en la isla vive una subespecie endémica de lagartija, Podarcis hispanicus sebastiani.
En verano, un barco regular cubre el corto trayecto marítimo desde el puerto de San Sebastián.
Visitar la impactante instalación escultórica Hondalea creada por Cristina Iglesias en el faro.
Bañarse en la calita de arena y la piscina natural de agua de mar durante las horas de marea baja.
Pasear por los senderos boscosos hasta los miradores que dominan la bahía de La Concha al completo.
Navegar en el barco que conecta el puerto donostiarra con la isla en verano.
La bahía de La Concha y el papel de la isla
La bahía recibe su nombre por la forma de concha que dibuja la costa, abrazada por los montes Urgull e Igueldo, que actúan como dos brazos protectores.
En el centro de ese semicírculo, la isla de Santa Clara reduce la fuerza de las olas que entran desde el Cantábrico y contribuye a que las aguas de la playa sean más tranquilas que las de otras zonas de la costa.
Esa combinación de relieve, isla y arena explica en buena parte el atractivo de la ciudad como destino de baño desde el siglo XIX.
Desde el paseo de La Concha, la isla encuadra la vista como si fuera parte de un cuadro. Cambia de color con las nubes, la marea y la hora del día, y a veces parece flotar sobre la bruma.
Observarla desde distintos puntos, como la playa de Ondarreta o el muelle del puerto, ayuda a comprender su posición estratégica y su papel simbólico, que la ha convertido en uno de los emblemas visuales de San Sebastián.
Cómo organizar la visita según la marea
Antes de ir conviene consultar la tabla de mareas, porque la pequeña playa de la isla solo aparece cuando el mar se retira. En pleamar, la franja de arena desaparece y el baño se limita a las zonas rocosas o a la piscina natural.
Lleva calzado cómodo para caminar por los senderos, agua y protección solar, y comprueba el horario del último barco de regreso para evitar contratiempos.
Si el día es despejado, dedica tiempo a rodear la isla por sus caminos y a asomarte a los miradores desde los que se ven las dos colinas y la línea de la ciudad.
Una vez de vuelta en tierra, un paseo en funicular hasta la cima del monte Igueldo ofrece una perspectiva complementaria de la bahía, con la isla en el centro y la ciudad extendiéndose a ambos lados.





