Murallas, cañones y el Castillo de la Mota en lo alto de Urgull

El Monte Urgull, con el Castillo de la Mota en su cima, defendió San Sebastián desde que, según la tradición, Sancho VII el Fuerte impulsó su primer castillo hacia 1194, resistiendo asedios franceses en 1476 y 1512. Hoy alberga la Casa de la Historia de Urgull y una estatua del Sagrado Corazón desde 1950. El acceso al parque es gratuito, aunque cierra por la noche.

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Ubicación
Extremo este de la bahía de La Concha, San Sebastián
Fortificación inicial
Año 1194, bajo Sancho VII el Fuerte
Altura del castillo
120 metros sobre la ciudad
Acceso
Gratuito; el parque cierra por la noche

El Monte Urgull cierra el extremo este de la bahía de La Concha en San Sebastián, coronado por el histórico Castillo de la Mota.

El Castillo de la Mota en la cima del Monte Urgull, San Sebastián.
JiriMatejicek (CC BY-SA 3.0 es)

Ochocientos años de defensa militar

San Sebastián fue fundada en 1180 por Sancho VI el Sabio, y su hijo Sancho VII el Fuerte impulsó, según la tradición hacia 1194, la construcción del castillo y la ampliación del recinto amurallado sobre el propio monte.

Durante siglos, el Castillo de la Mota, a 120 metros sobre la ciudad, protegió a Donostia de ataques tanto por mar como por tierra: en 1476 resistió un asedio de tropas francesas y portuguesas, y en 1512 rechazó otro ataque francés; en ambos casos los atacantes no lograron tomar la villa.

De fortaleza militar a parque y mirador

El castillo ha sido reconocido sucesivamente como monumento arquitectónico-artístico en la década de 1920, monumento provincial de interés histórico-artístico en 1964 y Monumento Nacional en 1984. Desde 1950, una gran estatua del Sagrado Corazón, obra del escultor Federico Coullaut, corona el monte y es visible desde buena parte de la ciudad.

Hoy el recinto alberga la Casa de la Historia de Urgull, un pequeño museo con recursos audiovisuales y escenografía sobre la historia de la ciudad.

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El Castillo de la Mota, las baterías artilleras y el Cementerio de los Ingleses

Alzándose como guardián pétreo entre la Parte Vieja donostiarra y las embravecidas aguas del Cantábrico, el Monte Urgull es un enclave donde convergen ocho siglos de epopeyas militares y un frondoso parque urbano repleto de senderos sombreados.

Desde la fundación de la villa en el siglo XII por el rey Sancho el Sabio de Navarra, este promontorio rocoso de ciento veintitrés metros de altitud funcionó como bastión defensivo y atalaya estratégica inexpugnable para proteger la plaza marítima de asedios y flotas enemigas.

En la cima del cerro se yergue el histórico Castillo de la Mota, una fortaleza de origen medieval reformada en varias ocasiones durante la Edad Moderna.

En 1950 se erigió sobre la torre del homenaje el monumental Sagrado Corazón de Jesús, una colosal escultura de más de doce metros de altura, obra de Federico Coullaut-Valera, que preside la bahía y se ve desde buena parte de la ciudad.

En el interior del castillo se ubica la Casa de la Historia, un interesante museo que repasa el devenir donostiarra a través de maquetas, grabados y vestigios bélicos.

Descendiendo por las laderas del monte se descubren imponentes plataformas de artillería de cantería provistas de cañones de hierro fundido de época, entre las que sobresalen la Batería de las Damas, la Batería del Gobernador y la Batería de Santiago.

En la ladera norte, envuelto en una romántica atmósfera de silencio y brumas atlánticas entre helechos y laureles centenarios, descansa el Cementerio de los Ingleses, un camposanto dedicado a los voluntarios británicos caídos durante la primera guerra carlista.

Los caminos peatonales que serpentean por el monte enlazan de forma natural con el Paseo Nuevo y el puerto donostiarra, ofreciendo paseos arbolados con miradores sobre el oleaje.

  • Explorar el Castillo de la Mota y conocer la evolución urbana en el museo de la Casa de la Historia.

  • Observar los cañones de hierro fundido en las históricas baterías defensivas sobre el mar.

  • Recorrer el evocador y romántico Cementerio de los Ingleses en la ladera norte del monte.

  • Disfrutar de las panorámicas sobre la bahía de La Concha y el Paseo Nuevo desde las murallas.

Un bosque en plena ciudad

Más allá de su valor militar, el Urgull es hoy un parque forestal que cubre una buena parte de la colina. Sus laderas, con pendientes pronunciadas, están pobladas de árboles de hoja perenne como encinas y laureles, además de helechos, hiedras y arbustos que aprovechan la humedad atlántica.

El resultado es un bosque que huele a tierra mojada y a salitre, y que en días nublados adquiere un aire casi misterioso, con la niebla enredada entre las ramas.

Entre los árboles viven pequeñas aves forestales y, junto a los acantilados, diversas especies de gaviotas y otras aves marinas que anidan o descansan en las rocas. Escuchar los graznidos mientras se camina por los senderos recuerda que la ciudad está pegada al mar.

Es un buen lugar para pasear sin prisa, parar en los bancos con vista y sentir cómo cambia la temperatura a medida que se sube.

Una colina que fue de los soldados y ahora es de los vecinos

Durante siglos, la colina estuvo cerrada al público por su uso militar. Con el tiempo se convirtió en un espacio abierto, y hoy los donostiarras lo utilizan para pasear, hacer deporte y disfrutar del aire libre.

Esa transformación se nota en los caminos, que combinan restos de defensas con bancos, miradores y senderos bien señalizados. Es un buen ejemplo de cómo una ciudad puede dar una nueva vida a su patrimonio defensivo sin borrar su historia.

Desde la cumbre se contemplan la bahía de La Concha, la isla de Santa Clara, la desembocadura del Urumea y la playa de la Zurriola, de modo que la colina funciona como un mirador completo sobre la ciudad.

Subir con calma, detenerse en cada terraza y leer los paneles informativos permite entender cómo evolucionó el casco urbano a sus pies, y por qué este promontorio fue tan importante para la defensa de Donostia.

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