La reina María Cristina veraneaba en el Palacio de Miramar

El Palacio de Miramar, construido en 1893 por José Goicoa a partir de un proyecto del arquitecto inglés Ralph Selden Wornum, fue la Casa Real de Campo elegida por la reina regente María Cristina para veranear en San Sebastián, en un montículo con vistas privilegiadas a la bahía de La Concha. Hoy acoge los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco. Los jardines, de unas tres hectáreas, son de acceso libre.

Por

Ubicación
Entre el centro y el barrio del Antiguo, San Sebastián
Construcción
Año 1893, arquitecto José Goicoa
Superficie del parque
Unas 3 hectáreas
Acceso a los jardines
Libre y gratuito

El Palacio de Miramar se asoma a la bahía de La Concha desde un montículo entre el centro de San Sebastián y el barrio del Antiguo.

El Palacio de Miramar sobre la bahía de La Concha en San Sebastián.
Indagar (CC BY-SA 3.0)

La 'Casa real de Campo' de la reina regente

Cuando la reina regente María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII, comenzó a pasar los veranos en San Sebastián, surgió la necesidad de una residencia real propia en la ciudad. Eligió para ello la finca del Conde de Moriana, un montículo con vistas privilegiadas a toda la bahía.

El palacio se construyó en 1893 según un proyecto del arquitecto inglés Ralph Selden Wornum de 1889, ejecutado finalmente por el maestro de obras José Goicoa en un estilo inglés con toques neogóticos.

De residencia real a espacio cultural y universitario

El conjunto palaciego, con un parque de unas tres hectáreas diseñado por el paisajista Pierre Ducasse, pasó a manos de Alfonso XIII tras la muerte de su madre.

Su historia cambió con la Segunda República, cuando el Estado lo expropió en 1931 y en 1933 pasó al Ayuntamiento con usos educativos y culturales.

Hoy sus jardines son de acceso público y gratuito, uno de los paseos más apreciados de la ciudad por sus vistas directas a la bahía.

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La arquitectura regia de estilo inglés y los jardines de Pierre Ducasse

Emplazado sobre el promontorio rocoso del Pico del Loro, la atalaya natural que separa las playas de La Concha y Ondarreta, el Palacio de Miramar es el testimonio más refinado del pasado cortesano de San Sebastián.

Construido en 1893 por iniciativa de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena como su residencia veraniega oficial, el complejo fue proyectado por el insigne arquitecto británico Ralph Selden Wornum y ejecutado bajo la dirección del maestro local José Goicoa.

El edificio destaca por su elegante estilo 'cottage' inglés propio de la época victoriana y eduardiana, con algunos elementos decorativos neogóticos.

Entre sus estancias nobles figuran el Salón Blanco, el Salón de Música y el Salón de Madera.

Uno de los mayores deleites del recinto son sus amplios jardines escalonados abiertos al disfrute público, diseñados por el célebre paisajista francés Pierre Ducasse.

Sus praderas de césped impecable descienden suavemente hacia la barandilla marina sobre el mar Cantábrico, salpicadas de hortensias multicolores, tamarindos y cedros centenarios que componen uno de los mejores balcones para contemplar la silueta de la isla de Santa Clara.

Bajo la colina del palacio discurre un túnel peatonal que conecta los paseos de La Concha y Ondarreta.

En la actualidad, las nobles dependencias del palacio acogen las sesiones académicas de los prestigiosos Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), además de conciertos y otros actos, llenando de vida cultural sus históricos salones.

Al atardecer, la silueta del palacio recortándose sobre el mar y los tonos dorados que bañan la bahía de La Concha ofrecen una de las estampas más apacibles de San Sebastián, invitando a pasear sin prisas por sus senderos ajardinados.

  • Admirar la singular arquitectura señorial de estilo cottage inglés victoriano de la residencia regia.

  • Pasear por los jardines diseñados por Pierre Ducasse disfrutando de las vistas a la bahía.

  • Cruzar el túnel peatonal bajo el promontorio rocoso del Pico del Loro entre ambas playas.

  • Descansar sobre el césped frente al mar contemplando la navegación de veleros en La Concha.

Por qué la realeza eligió San Sebastián

El Palacio de Miramar se entiende mejor dentro del fenómeno que transformó San Sebastián a mediados del siglo XIX: el auge de los baños de mar.

Los médicos de la época recomendaban el agua salada como remedio para distintas dolencias, y según la tradición, la visita de la reina Isabel II en 1845 para seguir ese tratamiento impulsó la fama de la ciudad entre la aristocracia.

Con los años, la corte se acostumbró a veranear en la bahía de La Concha, y la ciudad se dotó de paseos, hoteles, casinos y villas pensados para recibirla.

En ese contexto, la residencia real fue una pieza más de una transformación urbana más amplia. Su ubicación, en una colina con vistas a la bahía, permitía a sus habitantes disfrutar del mar y del paisaje sin perder el contacto con la ciudad.

Hoy, esa misma posición convierte los jardines en uno de los miradores más agradables de San Sebastián.

Un paseo entre dos playas

El palacio se levanta en el punto de unión entre la playa de La Concha y la de Ondarreta, lo que lo convierte en un excelente punto de referencia durante un paseo.

Puedes llegar desde el centro caminando por la orilla, subir a los jardines para contemplar la bahía desde lo alto y bajar luego hacia la otra playa, completando un recorrido sencillo en el que cambian la luz, el ambiente y la perspectiva.

Desde los jardines se distinguen la isla de Santa Clara, el monte Igueldo al otro lado de la bahía y la línea de edificios elegantes del paseo. Detente a observar cómo cambian los colores del mar con las nubes y cómo se mueven los veleros y las embarcaciones.

Los bancos y los senderos del parque invitan a sentarse un rato, y a menudo es el mejor modo de entender el carácter apacible de la ciudad.

Un edificio que sigue en uso

A diferencia de otros palacios convertidos en museos, Miramar sigue ligado a la vida cultural y académica de la ciudad, y su acceso interior puede depender de la actividad que se celebre en cada momento. Por eso, si te interesa conocer el interior, conviene informarte con antelación.

Pero incluso desde el exterior, el conjunto de fachadas, torres y jardines merece una visita tranquila, con atención a los detalles y respeto por quienes lo utilizan.

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