En la Quinta de San Pedro Alejandrino murió Simón Bolívar

La Quinta de San Pedro Alejandrino es una hacienda del siglo XVII en Santa Marta, consagrada como Santuario de la Patria por ser el lugar donde falleció el Libertador Simón Bolívar el 17 de diciembre de 1830. Exhibe la alcoba mortuoria original, el Altar de la Patria y jardines botánicos.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Casona señorial histórica y jardines botánicos de la Quinta de San Pedro Alejandrino
SALOMON BERMUDEZ, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El santuario histórico de la emancipación Americana

Rodeada de árboles centenarios en el sector oriental de Santa Marta, la Quinta de San Pedro Alejandrino fue la hacienda panelera y azucarera del español Joaquín de Mier que acogió a un debilitado Simón Bolívar en sus últimos días de vida.

La alcoba Mortuoria y el Altar de la Patria

En la casa principal colonial de paredes amarillas se conserva intacta la alcoba donde expiró el Libertador, la cama de campaña de madera, el reloj de pared detenido poco después de su muerte y el baño con su tina.

En el sector moderno se alza el imponente Altar de la Patria, un monumento de estilo republicano construido en 1930, en el centenario de su muerte, rodeado por el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo y un frondoso jardín botánico donde se ven iguanas.

Samán centenario: Admira los grandes árboles de samán del jardín, que dan buena sombra para descansar un rato.

La última morada de Simón Bolívar, el trapiche colonial y el Altar de la Patria

Ubicada en las afueras orientales de Santa Marta, a pocos kilómetros de la bahía, la Quinta de San Pedro Alejandrino es uno de los monumentos históricos más sagrados y solemnes de toda la América hispana.

Fundada en 1608 por el canónigo Francisco de Godoy y Cortesía como una próspera hacienda azucarera dedicada a la molienda de caña dulce, la producción de panela y la destilación de aguardiente, la propiedad pertenecía en 1830 al noble hidalgo español don Joaquín de Mier y Benítez.

Fue en este sereno entorno campestre donde el Libertador Simón Bolívar pasó sus últimos días de vida, enfermo y desilusionado por la fragmentación de la Gran Colombia, acogido con profunda lealtad y generosidad por su anfitrión español.

En la alcoba mortuoria del caserón colonial principal se conserva la cama de campaña donde expiró el prócer el 17 de diciembre de 1830, el mobiliario de sus últimos días y el histórico reloj de pared de péndulo cuyas manecillas permanecen detenidas poco después de la una de la tarde, la hora de su fallecimiento.

El conjunto histórico conserva intactas las dependencias coloniales del siglo XVIII: la casa principal de gruesos muros de mampostería encalada y tejas de barro cocido, el oratorio privado con tallas religiosas de época, la cocina con hornos de leña tradicionales y las instalaciones del antiguo trapiche azucarero con sus calderas de cobre y molinos.

En conmemoración del centenario de la muerte del Libertador se erigió el monumental Altar de la Patria, un imponente monumento de estilo republicano que rinde tributo a las naciones bolivarianas, complementado en terrenos anexos por el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo.

El recinto está rodeado por un magnífico jardín botánico histórico donde crecen samanes de gran porte, mangos y ceibas que cobijan a iguanas y ardillas entre sus ramas sombreadas.

  • Recorrer la alcoba mortuoria donde Simón Bolívar dictó su testamento y última proclama en 1830.

  • Observar el histórico reloj de pared con las manecillas detenidas poco después de la hora del fallecimiento.

  • Conocer las instalaciones del trapiche colonial de caña y el oratorio de la hacienda del siglo XVII.

  • Pasear por el jardín botánico arbolado admirando samanes centenarios y el Altar de la Patria.

El último viaje del Libertador

Para sentir el peso de la visita conviene conocer cómo llegó Bolívar hasta aquí. En 1830, enfermo y cansado, dejó el centro del país y descendió hacia la costa con la idea de salir al extranjero, tras renunciar al poder en medio de las tensiones políticas de la Gran Colombia.

La travesía por el río Magdalena y el camino hacia el Caribe lo dejaron muy debilitado, y al llegar a Santa Marta fue acogido en esta hacienda por su propietario.

Sus últimos días transcurrieron en un ambiente tranquilo, lejos de los salones y los campos de batalla en los que había pasado buena parte de su vida.

Esa contraposición entre la figura pública y la escena doméstica, con una habitación sencilla y una cama modesta, es una de las razones por las que el lugar impresiona a tantos visitantes.

De Santa Marta a Caracas: el recorrido de sus restos

Tras su muerte, Bolívar fue enterrado primero en la catedral de Santa Marta. Años más tarde, en 1842, sus restos fueron trasladados a Caracas, su ciudad natal, donde hoy reposan en el Panteón Nacional.

Esa historia convierte a la Quinta en un punto clave dentro de un recorrido que atraviesa varios países de América, y explica por qué en ella se mezclan la memoria de las guerras de independencia y el recuerdo íntimo de un hombre que murió lejos de casa.

Un jardín para recorrer sin prisa

El recinto es amplio y conviene dedicarle tiempo. Además de las salas históricas, hay un jardín con árboles de gran porte, caminos sombreados y rincones tranquilos donde sentarse a descansar.

Entre las ramas es habitual ver aves e iguanas, y el contraste entre el calor exterior y la sombra del arbolado hace del paseo un descanso agradable.

Si te interesan las plantas, fíjate en los árboles antiguos, de copa ancha, que ya daban sombra a la hacienda cuando era una finca azucarera.

Combinar la parte histórica con un paseo botánico ayuda a completar la visita, y te permite recordar el lugar como un espacio vivo y no solo como un monumento.

Para saber más