El faro Les Eclaireurs, rayado de rojo y blanco, espera en el canal Beagle
La navegación por el Canal Beagle es la excursión marítima por excelencia de Ushuaia. Los catamaranes zarpan del puerto turístico para circunnavegar la Isla de los Pájaros, la Isla de los Lobos y el legendario Faro Les Eclaireurs, postal icónica del Fin del Mundo con sus franjas rojas y blancas.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La gran travesía marítima del Canal Beagle
Navegar el Canal Beagle es la experiencia fundacional para comprender la geografía austral de Ushuaia. Este paso interoceánico conecta el Atlántico con el Pacífico y ofrece una panorámica amplia de la ciudad recostada al pie de los picos nevados del Cordón Martial.
El Faro Les Eclaireurs y las islas de fauna
El itinerario marítimo se detiene junto a la Isla de los Pájaros, repleta de miles de cormoranes imperiales y reales, y la Isla de los Lobos, donde descansan cientos de lobos marinos.
La travesía alcanza su punto culmen ante el Faro Les Eclaireurs, puesto en servicio en 1920 sobre un peñón rocoso solitario y popularmente conocido como el 'Faro del Fin del Mundo'.
Las versiones extendidas navegan hacia la colonia de pingüinos en Isla Martillo y la histórica Estancia Harberton.
Abrigo cortaviento en cubierta:
El viento antártico en cubierta exterior es sumamente intenso y frío incluso en pleno verano. Viste gorro de lana, guantes térmicos y campera cortaviento impermeable.
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Cartografía y toponimia del canal: las expediciones de Fitz Roy y Darwin
Navegar por las aguas del Canal Beagle implica adentrarse en uno de los pasajes marítimos más célebres de la historia de la exploración geográfica.
Este estrecho interoceánico, que conecta el océano Atlántico con el océano Pacífico a lo largo de aproximadamente doscientos cuarenta kilómetros, separa la Isla Grande de Tierra del Fuego al norte de un complejo archipiélago de islas australes pertenecientes a Chile, entre ellas Navarino, Hoste, Picton, Lennox y Nueva.
El canal debe su nombre a la corbeta británica HMS Beagle, que exploró minuciosamente estas costas australes entre 1826 y 1830, en una expedición dirigida por Phillip Parker King, con Robert Fitz Roy al mando del Beagle en 1830.
Durante el segundo viaje del navío, entre 1831 y 1836, viajaba a bordo el joven naturalista Charles Darwin, cuyas agudas observaciones sobre la geología andina, los glaciares colgantes y las costumbres de los pueblos canoeros yámanas sentaron parte de las bases de sus posteriores reflexiones sobre la evolución y la biogeografía.
La perspectiva desde la embarcación revela el perfil escarpado de los Andes fueguinos cayendo a pique sobre el mar, una panorámica que maravilló a los exploradores del siglo XIX y que conserva intacto su carácter agreste.
El Faro Les Eclaireurs frente al mito del Faro del Fin del Mundo
El hito visual más representativo de la navegación es la estilizada torre del Faro Les Eclaireurs, erigida sobre uno de los islotes rocosos que componen el archipiélago del mismo nombre, a pocas millas náuticas al este de la bahía de Ushuaia.
Construido en ladrillo, el faro alcanza once metros de altura y presenta una pintura exterior en franjas horizontales de color rojo y blanco, coronada por una linterna negra y una galería de observación.
Puesto en servicio por la Armada Argentina en diciembre de 1920, este punto de señalización marítima continúa funcionando de manera automática mediante paneles solares fotovoltaicos, emitiendo destellos que orientan a los buques mercantes y cruceros en su aproximación a la ciudad.
Existe una confusión muy extendida entre los viajeros que identifica erróneamente a Les Eclaireurs con el legendario 'Faro del Fin del Mundo' que inmortalizó el escritor francés Julio Verne en su novela póstuma publicada en 1905.
El faro que inspiró la obra verniana se construyó en realidad en mayo de 1884 en el extremo oriental de la remota y bravía Isla de los Estados, bajo el nombre de Faro de San Juan de Salvamento.
Aquella estructura primigenia, expuesta a vientos huracanados, dejó de operar a principios del siglo XX, pero el magnetismo literario del relato llevó a que el faro de Les Eclaireurs fuera popularmente adoptado como el símbolo moderno del confín continental.
Fauna marina en los islotes: lobos marinos, cormoranes y avifauna austral
Las excursiones náuticas hacen escala visual en varios islotes rocosos donde se concentran densas poblaciones de fauna marina adaptada a las frías aguas subantárticas.
En la denominada Isla de los Lobos habita una nutrida colonia mixta de pinnípedos, compuesta por el lobo marino de un pelo (Otaria flavescens), reconocible por su color pardo rojizo y la robusta melena de los machos adultos, y el lobo marino de dos pelos o lobo fino sudamericano (Arctocephalus australis), de hocico más afilado y pelaje denso.
Los animales descansan amontonados sobre las restingas de piedra, zambulléndose con agilidad en el agua o emitiendo intensos bramidos que resuenan sobre la cubierta de los barcos.
A escasa distancia náutica, la Isla de los Pájaros alberga colonias de reproducción de cormoranes imperiales (Phalacrocorax atriceps) y cormoranes roqueros o de cuello negro (Phalacrocorax magellanicus). Desde la borda es fácil observar millares de estas aves anidando en cornisas rocosas, construyendo nidos de barro y algas.
El cormorán imperial, con su llamativo plumaje blanco y negro y su anillo periocular azul brillante, suele ser confundido a la distancia con pequeños pingüinos debido a su postura erguida.
En el espacio aéreo del canal es frecuente el planeo de albatros de ceja negra, petreles gigantes del sur, gaviotines sudamericanos y skúas pardas, que siguen las estelas de las naves en busca de alimento.
El paso por la estancia Remolino y el pecio del vapor Monte Sarmiento
Los recorridos de mayor alcance hacia el este del canal permiten contemplar la histórica estancia Remolino. Fundada en 1899 por el misionero anglicano John Lawrence, constituyó uno de los primeros establecimientos agropecuarios de la costa fueguina, conservando antiguas edificaciones de madera frente a una bahía dominada por lengas.
En la ribera inmediata yace varado el casco oxidado del vapor Monte Sarmiento, encallado en 1912. Su estructura de acero corroída por el salitre y batida por el oleaje conforma una estampa melancólica que documenta las dificultades náuticas australes antes de las cartas electrónicas modernas.
Los pueblos canoeros yámanas: nómadas del archipiélago austral
Mucho antes de las expediciones europeas, el canal fue el hogar ancestral de los yámanas o yaganes, un pueblo originario extraordinariamente adaptado al ambiente marino. Como nómadas del mar, pasaban gran parte de sus jornadas a bordo de canoas de corteza de guindo cosidas con barbas de ballena.
En el centro de estas naves ardía una fogata familiar sobre arcilla y piedras que permitía calentarse y cocinar moluscos recolectados en los acantilados.
Fueron las columnas de humo de estas fogatas en costas y canoas las que llamaron la atención de los primeros marinos europeos, dando origen al nombre de Tierra del Fuego.
Los concheros arqueológicos —montículos de valvas de mejillones y huesos de lobos marinos acumulados durante milenios— aún salpican las caletas del canal, testimoniando su estrecha comunión con estos fiordos.
Bosques submarinos de cachiyuyo: selvas de algas gigantes
Bajo las aguas del canal se oculta un ecosistema marino singular: los bosques de cachiyuyo gigante (Macrocystis pyrifera). Estas algas pardas pueden superar los treinta metros de longitud, anclándose a las rocas del lecho y extendiendo sus frondas hacia la superficie sostenidas por vesículas de gas.
Desde la borda es habitual divisar manchas doradas de vegetación flotante que amortiguan el oleaje y sirven de refugio a peces australes como la merluza negra y el róbalo.
Entre sus frondas habitan también crustáceos emblemáticos como la centolla patagónica y el centollón, pilares de la fauna y la pesca artesanal de Ushuaia.
Recomendaciones para disfrutar la navegación por el canal
Navegar por las aguas abiertas del canal exige considerar una serie de recaudos prácticos para aprovechar la travesía con plenitud:
Viste en capas con una campera cortaviento impermeable y abrigo térmico interior, ya que el viento catabático en cubierta exterior intensifica el frío.
Usa calzado cerrado con suela de goma estriada para conservar una pisada firme sobre las superficies metálicas o de fibra mojadas por la llovizna.
Asegura binoculares y cámaras fotográficas con correas al cuello para proteger los equipos frente a ráfagas repentinas de viento durante las maniobras.
Consume una infusión caliente o toma medidas preventivas contra el mareo antes de zarpar si tienes propensión a descompensarte en aguas con oleaje.
Permanece atento a las indicaciones de la tripulación en cubierta y evita apoyarte en las barandillas en los tramos de mayor aceleración del barco.





