Camina entre pingüinos papúa y de Magallanes en la isla Martillo

La Isla Martillo, situada en aguas del Canal Beagle dentro de la histórica Estancia Harberton, alberga la única colonia reproductiva de pingüinos papúa de Sudamérica y una masiva población de pingüinos de Magallanes. Las excursiones autorizadas permiten caminar a pocos metros de los nidos en temporada estival.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Colonia de pingüinos de Magallanes y Papúa anidando en la playa de Isla Martillo en el Canal Beagle.
David, Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

Caminar entre pingüinos en libertad austral

La colonia de Isla Martillo es una de las experiencias de fauna más íntimas e inolvidables que ofrece Ushuaia en Argentina. Acompañados por biólogos y guías naturalistas, grupos reducidos desembarcan en zodiacs para transitar por senderos delimitados entre los nidos excavados en la turba y la arena.

Papúas, Magallánicos y pingüinos rey Esporádicos

Lo que hace única a la Isla Martillo es la convivencia de colonias mixtas: miles de pingüinos magallánicos que regresan cada primavera a incubar sus huevos junto a una colonia fija de pingüinos papúa de pico anaranjado.

En ocasiones, también se registran avistamientos de ejemplares solitarios de pingüino rey o de penacho amarillo.

La excursión incluye la visita a la centenaria Estancia Harberton y complementa el avistamiento del Faro Les Eclaireurs.

Reserva con meses de anticipación:

El permiso de desembarco para caminar en la isla tiene cupos diarios extremadamente reducidos. Reserva con varios meses de antelación si viajas en temporada alta de verano.

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Biogeografía insular: el canal Beagle como corredor biológico subantártico

La isla Martillo, conocida originariamente por los canoeros yaganes bajo el nombre de Yécapasela, constituye uno de los santuarios ornitológicos más destacados del confín meridional de América del Sur.

Emplazada en el sector oriental del canal Beagle, frente a la costa norte de la isla Grande de Tierra del Fuego, esta pequeña elevación insular se beneficia de una posición hidrográfica estratégica.

Las aguas circundantes están enriquecidas por corrientes marinas frías ricas en nutrientes, krill, sardinas fueguinas y pequeños crustáceos que proveen alimento abundante a las colonias de aves marinas.

Asimismo, la insularidad protege a las poblaciones de pingüinos de depredadores terrestres nativos e introducidos, como los zorros colorados y los visones americanos, que amenazan los nidos en el territorio continental.

Las playas protegidas de cantos rodados, las dunas bajas y los estratos de turba vegetal espesa conformaron a lo largo de décadas un microhábitat idóneo para el establecimiento de colonias reproductivas que han venido expandiendo su número año tras año bajo regímenes de protección ambiental.

La confluencia de estas masas de agua genera frentes oceanográficos productivos donde convergen cardúmenes y bandadas mixtas de aves marinas, creando una cadena trófica de notable vigor que sustenta tanto a los pingüinos como a mamíferos marinos de la región austral.

Ciclos de cortejo, nidificación en turba y muda de plumaje

El calendario biológico de los pingüinos en la isla Martillo sigue un ritmo estacional estrictamente acompasado al verano austral.

A comienzos de la primavera, hacia finales de septiembre y octubre, los machos de pingüino de Magallanes arriban en masa a la isla para reacondicionar las madrigueras subterráneas excavadas en la turba y la arena.

Tras el cortejo y el apareamiento, las parejas comparten equitativamente las tareas de incubación de los dos huevos puestos por la hembra, turnándose para salir a forrajear en las aguas del canal Beagle.

Hacia el mes de diciembre nacen los pichones, cubiertos de un plumón grisáceo, demandando una intensa actividad alimentaria por parte de los progenitores.

Entre enero y febrero, los jóvenes mudan sus primeras plumas impermeables y se preparan para ingresar al mar, mientras que los adultos inician su propio proceso de muda anual, congregándose en grupos compactos en las playas durante varias semanas sin poder sumergirse al agua hasta completar el recambio total de su plumaje aislante.

Durante este periodo de ayuno en tierra firme, los pingüinos dependen exclusivamente de las reservas de grasa acumuladas en los meses previos, mostrando una gran resistencia fisiológica.

Coexistencia faunística: skúas, cormoranes imperiales y petreles gigantes

Aunque los pingüinos son los protagonistas indiscutibles de la isla, el ecosistema insular alberga una comunidad alada sumamente diversa que convive en estrecho equilibrio ecológico.

En los acantilados pedregosos y las costas rocosas anidan colonias de cormoranes imperiales y cormoranes de cuello negro, reconocibles por su plumaje blanquinegro brillante y sus penetrantes ojos azulados, que se zambullen en picado en las corrientes para capturar pequeños peces.

En las zonas altas de pastizales patrullan los skúas o págalos pardos (Stercorarius chilensis), audaces rapaces marinas que cumplen un rol fundamental como controladores biológicos, alimentándose de huevos desatendidos o ejemplares enfermos.

Ocasionalmente, planean sobre la isla petreles gigantes y albatros de ceja negra procedentes de mar abierto, mientras que en las orillas húmedas buscan invertebrados bandadas de gaviotas cocineras, ostreros australes y gaviotines sudamericanos.

La observación de estas interacciones interespecíficas ofrece una perspectiva integral de la vida salvaje, donde cada especie ocupa un nicho ecológico diferenciado que contribuye al equilibrio biológico de la colonia insular.

Protocolo científico de desembarco y senderos de bajo impacto

El acceso a pie a la isla Martillo es una experiencia estrictamente regulada para salvaguardar la tranquilidad de la avifauna. Solo un número reducido de operadores turísticos cuenta con autorización oficial para desembarcar visitantes, implementando grupos reducidos guiados por biólogos o naturalistas especializados.

Este control estricto evita el estrés crónico en las aves y asegura que las madrigueras no sufran daños estructurales por pisadas inadvertidas.

Las pasarelas y senderos de bajo impacto evitan la compactación de los turbales húmedos, permitiendo que las raíces vegetales y los túneles subterráneos de los pingüinos conserven su estructura natural temporada tras temporada.

El circuito peatonal discurre a lo largo de senderos señalizados que respetan una distancia de seguridad prudencial respecto a los nidos activos.

Los pingüinos, acostumbrados a la presencia silenciosa y no amenazante de los grupos humanos, cruzan habitualmente los senderos de paso hacia el mar sin mostrar señales de temor, lo que regala a los observadores escenas conmovedoras de vida salvaje a escasos metros de distancia sin alterar sus pautas naturales de conducta.

La travesía náutica desde Harberton y las aguas protegidas de bahía Cambaceres

La aproximación a la isla Martillo forma parte integral del atractivo del viaje. Tras desplazarse por tierra desde Ushuaia a lo largo de la panorámica Ruta Nacional 3 y la Ruta Complementaria J, los viajeros llegan al muelle histórico de Estancia Harberton.

Desde allí se abordan lanchas semirrígidas o catamaranes que navegan las aguas tranquilas y abrigadas de bahía Cambaceres, sorteando pequeños islotes rocosos donde suelen descansar lobos marinos de un pelo.

Durante los meses estivales, las salidas se coordinan teniendo en cuenta los vientos y las mareas del canal, permitiendo travesías serenas que potencian el disfrute visual del paisaje fueguino.

La navegación, de apenas quince a veinte minutos de duración, regala perspectivas excepcionales de las cordilleras fueguinas que flanquean ambos lados del canal, con los montes chilenos de la isla Navarino recortados hacia el sur.

Al aproximarse a la orilla de la isla Martillo, el rumor constante de graznidos y el bullicio de cientos de aves zambulléndose en el agua anticipan la emoción del desembarco en una playa prácticamente virgen.

Pautas de conducta para una convivencia respetuosa con las colonias de aves

Para preservar la integridad de este delicado ecosistema y asegurar que futuras generaciones continúen disfrutando de este espectáculo natural, es fundamental atender a las siguientes normas durante la estancia:

  • Mantén siempre una distancia de unos tres metros respecto a cualquier pingüino o nido, cediéndoles el paso si cruzan el sendero frente a ti.

  • Camina despacio y sin movimientos bruscos, evitando gestos repentinos o carreras que puedan alarmar a las aves durante la época de cría.

  • Está terminantemente prohibido tocar, alimentar o acorralar a los animales, así como agacharse de forma invasiva para tomar fotografías en primer plano.

  • Guarda silencio y habla en voz baja durante todo el recorrido para no perturbar las complejas señales acústicas de comunicación entre parejas y pichones.

  • Respeta escrupulosamente las indicaciones del guía biólogo y permanece en todo momento dentro de las sendas balizadas en la superficie de la isla.

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