Terrazas bajo árboles centenarios en la Plaza Uta el-Hammam
La Plaza Uta el-Hammam es el corazón neurálgico y punto de encuentro por excelencia de Chefchaouen. Flanqueada por frondosos árboles centenarios, cafeterías con terrazas al aire libre, los muros de adobe rojizo de la Kasbah y el singular minarete octogonal de la Gran Mezquita, rebosa de vida desde el amanecer.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Ubicación
- Centro neurálgico de la medina de Chefchaouen
- Monumentos anexos
- Kasbah amurallada y Gran Mezquita octogonal
- Especialidad gastronómica
- Té con menta fresca, queso de cabra del Rif y tajine de kefta
- Ambiente
- Animado durante todo el día, especialmente al anochecer
Toda senda o escalinata en Chefchaouen desemboca tarde o temprano en la Plaza Uta el-Hammam. Este espacio empedrado es la sala de estar comunitaria de la perla azul de Marruecos.

La arquitectura singular de la Gran Mezquita
En un extremo de la plaza se alza la Gran Mezquita (El-Masjid El-Aadam), cuya fundación se atribuye a Ali Ben Rachid, el fundador de la ciudad, o a su hijo.
Lo que la hace sumamente peculiar en el panorama islámico magrebí es su minarete de fuste octogonal, decorado con arcos ciegos de distintos perfiles y que se suele fechar a finales del siglo XVII.
Terrazas, té de menta y quesos del Rif
Tomar asiento en las terrazas de mimbre bajo la sombra de los árboles es un ritual habitual.
Aquí se sirve té con hierbabuena fresca acompañado de jban (el tradicional queso fresco de cabra envuelto en hojas de palmito típico del Rif) y pan redondo de trigo recién sacado de los hornos de leña.
Pausa vespertina: La plaza es el punto perfecto para descansar tras subir a la Mezquita Española y contemplar la iluminación nocturna de las murallas de la Kasbah.
Historia de la plaza
La plaza Uta el-Hammam es el espacio más simbólico de Chefchaouen.
Cuando la ciudad se fundó en el siglo XV como plaza fuerte en las montañas del Rif, el poder militar se concentró en la Kasbah y el religioso en la Gran Mezquita, y ambos edificios quedaron uno junto al otro.
El espacio abierto que quedó entre ellos se convirtió de forma natural en el centro de la vida urbana: allí se reunía la gente, se celebraba el mercado y se anunciaban las noticias.
Con la llegada de las familias andalusíes, la medina creció en todas direcciones a partir de este núcleo, y los barrios más antiguos, como Souika, se extendieron en sus alrededores.
Durante siglos la plaza fue sobre todo un lugar de comercio y de encuentro para los habitantes de la ciudad y de las aldeas cercanas. Hoy las terrazas han sustituido a buena parte de los antiguos puestos, pero sigue siendo el punto donde todo converge.
Qué ver alrededor de la plaza
La plaza se entiende mejor si la recorres de un extremo a otro.
A un lado se levantan los muros de color tierra de la Kasbah, con su jardín y su museo etnográfico, y junto a ella la Gran Mezquita, cuyo minarete octogonal es uno de los elementos más reconocibles de la ciudad.
La mezquita no se puede visitar si no eres musulmán, pero su exterior y su minarete se aprecian bien desde la plaza.
El resto del perímetro lo ocupan cafés, restaurantes y tiendas de artesanía, con terrazas bajo los árboles que dan sombra en verano.
Desde las esquinas salen varias calles que suben hacia los barrios altos o bajan hacia la parte nueva, y caminar unos metros por cualquiera de ellas basta para cambiar por completo de ambiente.
La Kasbah, con su jardín, sus torres y su museo.
La Gran Mezquita y su minarete octogonal.
Las terrazas bajo los árboles, perfectas para un té.
Las calles comerciales que salen hacia Souika y la medina alta.
Un día en la plaza
La plaza cambia mucho a lo largo del día. Por la mañana temprano está casi vacía: los cafés abren poco a poco, los vecinos pasan camino del trabajo y la luz entra suave entre los árboles. Es el mejor momento para fotografiar la Kasbah y el minarete sin gente delante.
A media mañana llegan los grupos que hacen la excursión de un día desde otras ciudades del norte, y la plaza se llena de movimiento.
Por la tarde, cuando se van las excursiones, el ritmo vuelve a bajar. Al caer el sol las terrazas se llenan de viajeros que han bajado de la Mezquita Española y de familias locales que salen a pasear.
Por la noche, con las murallas de la Kasbah iluminadas y las calles todavía animadas, la plaza tiene uno de sus momentos más agradables.
Curiosidades
El minarete octogonal de la Gran Mezquita es una rareza en Marruecos, donde la gran mayoría de los minaretes son de planta cuadrada.
Su forma suele relacionarse con la influencia andalusí que marcó la ciudad desde sus primeros tiempos, y es uno de los mejores ejemplos de cómo Chefchaouen conserva ecos de al-Ándalus en su arquitectura.
Otro detalle llamativo es el castellano. En muchas terrazas y tiendas de la plaza los camareros y comerciantes se manejan en español, herencia de la época del Protectorado y de la cercanía con la península.
Para los viajeros hispanohablantes es un detalle que facilita mucho las cosas y que sorprende a quien llega por primera vez.
También llama la atención el suelo y la disposición del espacio. La plaza no es un cuadrado perfecto, sino un espacio irregular que se adapta a la pendiente y a los edificios que lo rodean, como ocurre en casi toda la medina.
Los grandes árboles que dan sombra a las terrazas forman parte de la imagen clásica del lugar, y en las fotos antiguas de la ciudad ya aparece la plaza como el gran espacio abierto entre la Kasbah y los barrios, uno de los pocos lugares llanos y amplios en una ciudad hecha de cuestas y escaleras.
Consejos para disfrutar de la plaza
Tómate tu tiempo para sentarte en una terraza: aquí lo importante no es comer deprisa, sino ver pasar la vida de la ciudad. Antes de pedir, mira la carta con los precios o pregunta, para evitar sorpresas.
En las terrazas más céntricas suelen acercarse vendedores ambulantes y personas que ofrecen excursiones o visitas guiadas; un no amable suele ser suficiente.
Si quieres probar la cocina local, busca platos del norte como el queso fresco de cabra, los tajines y la bissara, una sopa de habas secas muy habitual en el desayuno.
Recuerda que durante el Ramadán el ritmo de la plaza cambia: de día está más tranquila y por la noche, tras la ruptura del ayuno, se anima mucho.
Qué ver cerca
La plaza es el punto de partida perfecto para explorar la ciudad. Desde aquí puedes entrar en la Kasbah, subir por Souika hasta la plaza El Haouta o seguir hacia el este hasta el manantial de Ras El-Maa, donde empieza el camino a la Mezquita Española.
Por el camino encontrarás alguno de los hornos comunales de barrio, donde se cuece el pan de las familias de la medina.
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