María de Médici trajo Florencia al Jardín de Luxemburgo
El Jardín de Luxemburgo nació por encargo de María de Médici, viuda de Enrique IV, quien en 1612 adquirió los terrenos para construir un palacio de inspiración italiana junto a un jardín inspirado en los de Boboli, en Florencia. El Palacio de Luxemburgo, construido entre 1615 y 1631, es hoy la sede del Senado francés y no se visita, pero sus jardines son de acceso libre y gratuito para el público.
Por Florencia
- Ubicación
- VI Distrito de París
- Origen
- Encargado por María de Médici en 1612
- Construcción del palacio
- 1615-1631
- Uso actual del palacio
- Sede del Senado francés
El Jardín de Luxemburgo es uno de los espacios verdes más queridos de París.

El palacio italiano de una reina viuda
Tras la muerte de Enrique IV en 1610, su viuda María de Médici asumió la regencia del reino hasta la mayoría de edad de su hijo Luis XIII. Nunca se sintió cómoda en el Louvre y decidió construirse una residencia propia que recordara a los palacios de su Florencia natal.
Adquirió el terreno en 1612 y encargó al arquitecto Salomon de Brosse el diseño del nuevo Palacio de Luxemburgo, construido entre 1615 y 1631.
Un jardín inspirado en Florencia, hoy del Senado
Alrededor del palacio, María de Médici ordenó crear un jardín inspirado en los jardines de Boboli de Florencia, con largas avenidas, parterres geométricos y esculturas clásicas que evocaban el esplendor renacentista italiano.
Con el tiempo, y en particular durante las reformas urbanísticas del barón Haussmann en el siglo XIX, el jardín adquirió el trazado que conserva hoy.
El Palacio de Luxemburgo alberga desde entonces al Senado francés, la cámara alta del Parlamento, y solo puede visitarse en fechas puntuales como las Jornadas del Patrimonio, aunque sus jardines son de acceso público y gratuito todos los días.
La fuente Médici y la gruta sombreada
Uno de los rincones más evocadores y apacibles del parque es la Fuente Médici, levantada hacia 1630 por encargo directo de la reina viuda María de Médici para recordar las grutas manieristas de su infancia en Florencia.
Situada en un recodo sombreado bajo densas copas de plátanos de sombra, la estructura presenta una fachada de piedra labrada que flanquea un largo estanque rectangular de aguas calmas cubiertas por hojas caídas.
En el nicho central descansa un grupo escultórico decimonónico que representa al gigante Polifemo acechando a los jóvenes amantes Acis y Galatea.
El reflejo de la hiedra en la superficie del canal y el leve susurro del agua proporcionan un refugio fresco y silencioso, muy frecuentado por lectores, estudiantes universitarios y dibujantes de la orilla izquierda del Sena.
Las sillas verdes metálicas y el estanque octogonal
Frente a la fachada sur del palacio se abre una gran cuenca de agua octogonal rodeada de terrazas de grava y parterres florales geométricos. Este espacio constituye el corazón social del jardín, donde se distribuyen libremente las famosas sillas metálicas de color verde salvia introducidas en la década de 1920.
Al no estar ancladas al pavimento, los visitantes pueden moverlas para buscar la sombra o orientarse hacia la luz del sol según el momento de la jornada.
En el estanque central pervive una entrañable tradición infantil: alquilar pequeños veleros de madera pintada que los niños empujan con varas de caña para que crucen la superficie impulsados por el viento. Esta escena clásica otorga al parque una atmósfera atemporal de serenidad urbana.
La serie escultórica de las reinas de Francia
Dispersas por las terrazas elevadas que rodean el parterre principal se alzan veinte estatuas de mármol blanco erigidas bajo el reinado de Luis Felipe I a mediados del siglo XIX.
La serie rinde homenaje a ilustres reinas y mujeres célebres vinculadas a la historia gala, entre ellas María Estuardo, Blanca de Castilla y Santa Genoveva, patrona de París. Recorrer este sendero escultórico permite combinar el paseo botánico con una amena lección de historia nacional.
Hacia el suroeste del parque se extiende un histórico huerto de frutales con variedades tradicionales de manzanos y perales en espaldera, junto a un colmenar pedagógico que produce miel desde hace más de un siglo. Estas zonas agrícolas preservan técnicas hortícolas tradicionales en pleno entorno metropolitano.
Ocio parisino: ajedrez, petanca y marionetas
Más allá de sus paseos solemnes, el jardín es un espacio de vida cotidiana en el que se practican aficiones muy variadas. Bajo los árboles, grupos de jubilados juegan a la petanca y mesas de ajedrez reúnen a aficionados que concentran la mirada en el tablero.
Hay pistas de tenis, zonas de juegos infantiles y rincones tranquilos donde los estudiantes de la cercana universidad se sientan a leer. Esta mezcla de edades y costumbres es una de las razones por las que los parisinos lo consideran suyo.
Para los más pequeños existe un teatro de marionetas con una larga tradición, donde se representan funciones de guiñol en francés. Aunque no entiendas el idioma, ver las reacciones del público infantil, que ríe y responde a los personajes, es una escena entrañable.
Se trata de una costumbre que se ha transmitido de generación en generación, y que ayuda a comprender el papel del jardín como lugar de encuentro familiar.
Guiños escondidos: una pequeña Estatua de la Libertad y otros detalles
Entre las esculturas del jardín hay una réplica de la Estatua de la Libertad, de tamaño reducido, que recuerda la relación artística entre Francia y Estados Unidos.
La pieza original en bronce, creada por el escultor Bartholdi, se trasladó al Museo de Orsay en 2012 y fue sustituida por una copia. Encontrarla es un pequeño juego de exploración que permite descubrir rincones menos transitados del parque.
Otros detalles merecen atención: las estatuas dedicadas a escritores y científicos, la gran fuente con sus jardineras de flores, los frutales en espaldera y el colmenar donde se imparten cursos de apicultura.
Pasear sin un recorrido fijo, siguiendo la luz y los caminos de grava, permite descubrirlos. Al salir, las calles del Barrio Latino ofrecen librerías, cafés y plazas animadas para prolongar el paseo.





