Hasta la tumba de Dian Fossey, entre el Bisoke y el Karisimbi
La caminata a la tumba de Dian Fossey conduce al histórico centro de investigación Karisoke, fundado por la célebre primatóloga estadounidense en 1967 en el collado montañoso entre los volcanes Bisoke y Karisimbi a más de 3.000 metros de altitud. Allí descansan los restos de Fossey junto a los de Digit y otra veintena de gorilas que defendió de los cazadores furtivos.
Por Daniel

- Altitud del yacimiento
- Aproximadamente 3.000 metros sobre el nivel del mar
- Duración del trekking
- Varias horas de ascenso y descenso por terreno húmedo
- Punto de partida
- Aparcamiento de la base del volcán Bisoke
- Dificultad
- Moderada a exigente por barro denso y pendiente constante
La caminata a la tumba de Dian Fossey conduce al histórico centro de investigación Karisoke, fundado por la célebre primatóloga estadounidense en 1967 en el collado montañoso entre los volcanes Bisoke y Karisimbi a más de 3.000 metros de altitud.
Allí descansan los restos de Fossey junto a los de Digit y otra veintena de gorilas que defendió de los cazadores furtivos.
El legado de 'gorilas en la Niebla'
Dian Fossey revolucionó la primatología mundial al demostrar la compleja vida emocional, la nobleza y la extrema vulnerabilidad de los gorilas de montaña.
Su base científica de cabañas de madera en Karisoke fue el epicentro desde el cual combatió frontalmente a las redes de furtivismo hasta su asesinato aún no resuelto en diciembre de 1985.
El cementerio de gorilas y la sepultura de Fossey
En un claro sombrío del bosque de hagenias cubierto de musgo cuelga la lápida de bronce de Dian Fossey con su nombre en kiñaruanda, Nyiramachabelli ('la mujer que vive sola en la montaña'), flanqueada por las tumbas de sus queridos compañeros de investigación, entre ellos Digit, cuyo trágico sacrificio en 1977 conmovió a la comunidad científica internacional.
Fauna en ruta y Sugerencias de trekking
A lo largo del sendero no es infrecuente cruzarse con tropas de monos dorados, duikers de lomo amarillo y rastros recientes de elefantes de bosque.
Se aconseja contratar un porteador local en la base para apoyar la economía de las aldeas y facilitar el avance en los tramos de fango profundo.
Historia del campamento de investigación entre dos volcanes
En septiembre de 1967, la célebre primatóloga Dian Fossey estableció un campamento en un collado húmedo situado a más de tres mil metros de altitud, encajonado entre las laderas brumosas de los volcanes Bisoke y Karisimbi.
A ese paraje remoto lo bautizó como Karisoke, un acrónimo formado por la combinación de los nombres de ambos colosos volcánicos.
Durante casi dos décadas de trabajo incansable en condiciones climáticas exigentes, aquel campamento improvisado creció hasta convertirse en una estación científica de referencia mundial, desde donde Fossey revolucionó el conocimiento sobre la etología de los gorilas de montaña y organizó patrullas pioneras contra la caza furtiva.
Vestigios de las cabañas científicas en el collado húmedo
Al alcanzar el antiguo emplazamiento tras varias horas de ascenso por el bosque nuboso, los visitantes encuentran los restos cubiertos de musgo de las plataformas de madera y cimientos de piedra que sostenían las cabañas del equipo investigador.
La naturaleza ha reconquistado pacíficamente el lugar, envolviendo las estructuras abandonadas en una atmósfera de recogimiento histórico.
A escasos metros se halla el cementerio rústico donde Fossey dio sepultura a más de veinte gorilas víctimas de cazadores furtivos o causas naturales, presidido por la tumba de su predilecto Digit.
Junto a ellos yace la lápida de bronce de la propia investigadora, con el emotivo epitafio que recuerda que nadie amó más a los gorilas.
Perfil del sendero y recomendaciones para el cruce de turberas
La travesía hasta Karisoke demanda un esfuerzo físico apreciable a lo largo de un sendero que gana más de seiscientos metros de altitud sobre terreno irregular. El tramo final atraviesa turberas de montaña y zonas de hagenias centenarias cubiertas de epífitas donde el barro negro suele dificultar los pasos.
Es altamente recomendable contratar un porteador local en la base del sendero para facilitar el tránsito por las pendientes más resbaladizas y apoyar la economía de las comunidades campesinas vecinas.
Llevar ropa de repuesto en bolsa estanca y guantes de jardinería para evitar picaduras de ortigas silvestres asegura una caminata confortable y segura.
Digit, el punto de inflexión
Entre los gorilas que estudió Dian Fossey, uno de los más queridos era un macho joven llamado Digit. Su muerte a manos de cazadores furtivos, a finales de 1977, marcó un antes y un después en la vida de la investigadora y en la conservación del gorila de montaña.
A raíz de ese episodio se creó un fondo para financiar las patrullas contra la caza furtiva, que con el tiempo se convirtió en la organización que hoy gestiona la investigación y la protección de los gorilas en la región.
Esa historia ayuda a entender el tono de la visita. El cementerio donde descansan Digit y otros gorilas no es solo un recuerdo del pasado, sino un símbolo del compromiso que sigue vivo en la zona.
Los guías suelen relatar estos acontecimientos con respeto, y es habitual guardar silencio un momento al llegar. La muerte violenta de Fossey en 1985 sigue envuelta en misterio, y muchos visitantes se acercan a su tumba con una mezcla de admiración y reflexión.
Karisoke hoy: ciencia que continúa
El centro de investigación Karisoke continúa funcionando y es uno de los programas de estudio de gorilas más largos del mundo.
Gracias a la observación diaria de los grupos, equipos de investigadores y rastreadores ruandeses registran nacimientos, muertes, desplazamientos y cambios de liderazgo, creando una base de datos de décadas que permite entender cómo evolucionan las poblaciones.
La mayoría del personal de campo procede de comunidades cercanas, lo que refuerza la implicación local.
Estos datos han contribuido a que la población de gorilas de montaña se recupere de niveles muy bajos, aunque sigue siendo una especie amenazada.
Caminar hasta el antiguo campamento permite ver el origen de ese esfuerzo continuado, y recordar que detrás de cada visita turística hay un trabajo constante de monitoreo, protección y educación. Es una experiencia que invita a valorar la conservación como una tarea compartida entre científicos, comunidades y viajeros.





