El Jardín Botánico de St Andrews cultiva plantas de todo el mundo

El Jardín Botánico de St Andrews, fundado por la universidad en 1889 y situado en su emplazamiento actual desde principios de los años sesenta, reúne colecciones vegetales de todo el mundo en 18 acres (unas 7 hectáreas) de jardines, invernaderos y estanques. Tiene entrada de pago; consulta la web oficial para los horarios.

Por

Ubicación
Canongate, al sur del centro de St Andrews

El Jardín Botánico de St Andrews se extiende al sur del centro histórico de St Andrews, vinculado desde hace décadas a la actividad científica de su universidad.

Parterres y senderos del Jardín Botánico de St Andrews.
Mike Pennington  (CC BY-SA 2.0)

De jardín universitario a espacio público de 18 acres

Nacido como jardín botánico universitario junto al centro de la ciudad, se trasladó a principios de los años sesenta a su emplazamiento actual, en Canongate, donde ocupa unas 7 hectáreas (18 acres) organizadas por regiones geográficas y hábitats: una gran rocalla, una serie de estanques, bordes dedicados a la flora de China y de Chile, y colecciones de Cotoneaster, Berberis y Sorbus.

Invernaderos tropicales y actividad científica

Sus invernaderos climatizados alojan colecciones de plantas tropicales y desérticas, incluidas orquídeas, cactáceas y especies carnívoras, con paneles explicativos orientados tanto al público general como a los estudiantes de biología de la universidad, que siguen usando el jardín con fines docentes y de investigación.

Consulta en la web oficial las condiciones de entrada.

Planifica tu viaje a St Andrews:

• Guía de St Andrews

• Universidad de St Andrews

• West Sands Beach

Colecciones temáticas y senderos arbolados

El diseño del jardín exterior invita a recorrer parcelas dedicadas a ecosistemas específicos del planeta. En la sección dedicada a la flora de montaña destaca una rocalla meticulosamente diseñada con pequeñas plantas de montaña que crecen entre las piedras.

Muy cerca hay praderas y zonas de bosque.

El arboreto reúne ejemplares arbóreos de gran porte procedentes de todos los continentes. Sobresalen hayas centenarias, abetos nobles y coníferas exóticas que ofrecen cobijo frente a las rachas de viento del litoral.

Durante los meses primaverales, el paseo central se llena de colorido gracias a la floración de decenas de variedades de rododendros y azaleas, cuyas copas perfumadas transforman los senderos sombríos en un espectáculo visual vibrante.

Conservación botánica y praderas silvestres

La vocación científica del recinto se refleja en los programas de preservación de especies vegetales amenazadas de las islas británicas. Varias parcelas experimentales están reservadas al cultivo de endemismos escoceses y hierbas costeras en peligro de regresión.

Los paneles informativos explican cómo los cambios en el régimen de lluvias influyen en las poblaciones de plantas autóctonas, aportando una visión formativa para todas las edades.

Las praderas de flores silvestres que conectan las distintas áreas botánicas se gestionan bajo criterios de sostenibilidad ecológica estricta. Al evitar el segado continuo durante la temporada estival, se fomenta la proliferación de abejas solitarias, abejorros autóctonos y mariposas de los prados.

Este mosaico de flores silvestres convive con zonas de bosque y senderos.

Espacios acuáticos y observación de aves

El jardín de agua constituye uno de los rincones más serenos de todo el complejo. Una red de arroyos artificiales canaliza el caudal hacia dos amplios estanques rodeados por sauces llorones, lirios amarillos y densas matas de helechos gigantes.

Las pasarelas de madera que cruzan los cursos de agua permiten observar peces de agua dulce y ranas comunes nadando entre hojas flotantes de nenúfar.

La tranquilidad de estos humedales atrae de forma continua a diversas especies de avifauna local. Es habitual contemplar garzas reales inmóviles junto a las orillas o gallinetas comunes buceando entre la vegetación de ribera.

Los bancos de madera repartidos en los recodos de la arboleda brindan puntos de descanso perfectos para disfrutar de la lectura o del dibujo al aire libre en un entorno natural protegido.

Plantas con acento escocés

Un jardín botánico es un buen lugar para conocer la flora de Escocia. El brezo, que tiñe de morado las colinas a finales del verano, y el cardo, emblema nacional, son dos ejemplos que quizá reconozcas.

Fíjate en cómo se adaptan estas especies al viento, al frío y a los suelos pobres, y compáralas con las plantas exóticas de los invernaderos, que necesitan calor y humedad constantes.

Una visita para familias curiosas

Si viajas con niños, convierte el paseo en un juego de exploración. Pídeles que busquen una hoja con forma de corazón, una flor que huela bien o un árbol con la corteza más rugosa.

Anímalos a dibujar lo que ven en una libreta y a preguntar por qué cada planta tiene su lugar.

En un entorno como este, conviene recordar algunas reglas básicas: no arrancar flores, no pisar los parterres y no dejar basura. Así el jardín seguirá siendo un lugar agradable para quienes lo visiten después de ti, y para las plantas y animales que viven en él.

Para saber más